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martes, 23 de enero de 2007

Crítica de "Hail to the Thief" (Radiohead, 2003)

Acusados de practicar ejercicios onanistas de arte conceptual en sus anteriores trabajos, el sexto álbum de estudio de RadioheadHail to the Thief (2003), es un disco marcado por la ruptura del hermetismo y la experimentación electrónica en que se encontraban inmersos desde hacía cuatro años. "Me enfrentaré al mundo real saliendo de mi cascarón", dice Thom Yorke en "I Will". Para evitar especulaciones, ellos mismos adelantaron que su nuevo álbum sería una "combinación de Amnesiac y más guitarras". Aparentemente no estamos ante la reinvención de Radiohead, como a pesar de todo muchos esperaban, pero desde luego tampoco desilusionan. El grupo de Oxford ha alcanzado un status que le permite estar por encima del bien y del mal y poner de acuerdo a la crítica mundial con su música. En las primeras escuchas de Hail to the Thief se ve rápidamente reflejado que ya no queda casi nada de aquel grupo que comenzó hacia 1992, y que las únicas comparaciones posibles se centran en Kid A y Amnesiac y en su semilla Ok Computer

En las primeras notas del desconcertante riff de "2+2=5" encontramos al Radiohead que nos gusta, el que nos emociona; a Thom Yorke tratando de regresar con nosotros, intentando romper esa membrana que lo ha tenido encerrado en sus turbulentos pensamientos, y que tanto fruto (eso sí) han dado. Ahora la voz denota desolación y pesimismo ante un mundo dominado por los más poderosos: "¿Eres tan soñador como para poner el mundo en su sitio?" y también "No hay salida / Puedes horrorizarte y gritar / Es demasiado tarde". Al minuto y medio estalla: es su odio al mundo, "No cuestiones mi autoridad / porque eres mío". Compactos juegos de guitarra, bajo y batería que, unidos a un Yorke esquizofrénico elevan intensidad de su música hasta niveles insospechados.

Este primer corte es una pieza rock pensada para el directo y que además, como otras muchas del disco ya han sido probadas en la anterior gira de Radiohead por Europa. No es la única con vocación rockera, pero tampoco es la dinámica general.

La posición crítica e inconformista de las letras se desprende de prácticamente todos los temas y su ejemplo más claro es el propio título álbum, "Hail to the Thief", literalmente "Saludos al ladrón", en alusión a las irregularidades en que incurrió George W. Bush para acceder a la presidencia de los EE. UU.

"Sit Down. Stand Up" ("Siéntate. Levántate / Podemos destruirte en cualquier momento") es la primera muestra electrónica de Hail To the Thief. Aquí no hay artificio; han adaptado las tecnologías a sus necesidades y el resultado es un sonido propio que no encuentra influencias sino en ellos mismos. El final es una lluvia eléctrica de ruidos, de batería en estado puro, y Yorke convertido en un instrumento de percusión más. Acto seguido se sienta en su piano y, junto a la guitarra preferida de Johnny Greenwood, encaran "Sail to the Moon", una de las más sentidas del disco. Como en "You And Whose Army?", la voz de Thom se estremece en una letra ensoñadora: "Yo chupé la luna / Fui soltado sobre rayos de luna / y navegué sobre estrellas fugaces" no exenta de crítica: "Quizás serás el presidente / pero que sepas que lo correcto viene de lo erróneo / o en el suelo / construirás un arca". Extraña, épica como pocas y muy emocionante.

Las experimentaciones de Amnesiac, con "Like Spinning Plates" como epicentro, resuenan en "Backdrifts", de construcción electrónica evidente. Pero es que ahora se mueven como pez en el agua. "Backdrifts" es mucho más madura, más rica en texturas, en sintetizadores y en mezclas de sonidos. El efecto final es único.

Guitarras acústicas, muy al estilo americano, como si fuese REM, abren "Go To Sleep" para dejar paso a una batería que deja claro a que lado del charco estamos. A la mitad, dos guitarras precisas, rasgueos interminables y Yorke recordándonos que no se le ha olvidado que es esto del rock. Perfecta para el directo.

"Where I End And You Begin" está construida, como "The National Anthem", sobre la base de batería de Selway y una densa línea de bajo de Colin Greenwood. La letra ("Hay un hueco entre nosotros / Donde yo termino y tú empiezas.") contribuye a transmitir una angustiosa sensación de ansiedad.

De nuevo al piano, Yorke, con su voz desgarrada, nos estremece. Coros y palmas casi fantasmales: "Nuestras venas son delgadas / Nuestros ríos están envenenados / Queremos las carnes dulces / Nosotros absorbemos sangre joven”". Con "We Suck Young Blood" comienza la segunda mitad del disco; Radiohead no acostumbra a juntar sus mejores temas al principio.

En "The Gloaming" no se sabe de donde nos llega la voz de Thom que parece flotar sobre todo lo demás: "Al otro lado / Las sombras flotan". La música es un espacio cerrado, infectado por un inquietante torbellino de sonidos electrónicos que parecen rebotar sobre las paredes. Magistral muestra del dominio técnico que comienzan a adquirir en el terreno de la experimentación. Muy cercano a Björk.

Y entonces llega el single, "There There". Abre una fascinante batería, y la guitarra de Greenwood nos remite a la voz de Yorke en una melodía que recupera sus mejores momentos. "Yo no paseo en tu paisaje / Ando sobre las estrellas. / Sólo porque tú lo sientas / no significa que esté allí". La voz y los coros, como siempre, sobresalientes. Los dos minutos finales son épicos, al estilo de "Let Down" o "Karma Police", en los que aparece la fuerza de Radiohead, con una batería tremenda, un Johnny Greenwood estridente a la guitarra y unos coros de Yorke que ponen la piel de gallina, que nos hacen subir al cielo: "El cielo te envió a mí", dice la letra. Apoteósico.

En "I Will", Yorke, a dos voces (la aguda sorprendente), y a veces tres, nos susurra "desde arriba" una balada de poco más de dos minutos como si se tratara de "Exit Music (For a Film)". "Me meteré en un bunker bajo tierra / No permitiré que le ocurra esto a nuestros niños / Conoceré el mundo real saliendo de mi cascarón". El mismo desamparo, la misma tristeza que echábamos de menos.

"Punch At A Wedding" es una estupenda muestra del pop electrónico con teclados que últimamente profesan: samplers, sintetizadores, que borran del mapa a Sellway. Mucho más fresca, esperanzadora e irónica: "Hipócrita, oportunista / No me infectes con tu veneno". Una joya.

Un descanso antes de "Myxamatosis", en la que la suciedad de la distorsión apenas si deja oír a Thom, que canta desganado sobre una batería, ahora sí, dura y una orquestación que recuerda a "How To Disapear Completely". Asfixiante.

La magia de los dedos de Johnny Greenwood surge de nuevo en "Scatterbrain", un corte concebido sobre la base de sus repiques. Menos experimental, más directa, más Greenwood.

Un inquietante arpegio de guitarra forma la base "A Wolf At the Door", recordando a los Radiohead más misteriosos. Poco a poco, y sin para de hablar, Yorke va venciendo a sus músicos y consigue salir a flote con una de las letras más críticas del disco. 


En resumen, no puede tildarse a Hail to the Thief de ser un álbum arriesgado, pero en todo caso asienta las bases de los conocimientos adquiridos con una música evidentemente más madura. 

1 comentario:

  1. Que buena reseña, disfrute tanto leerla como disfrute el disco hace pff...

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