(Participa en concursos. De momento, sin suerte)
...blog literario de rubén rojas yedra
viernes, 17 de febrero de 2012
viernes, 10 de febrero de 2012
Eloy Tizón (1964, Madrid, España)
Estela Gallardo sonreía para adentro. Era de esa clase de personas que se anotan en las manos los recados urgentes. Estela Gallardo tenía las manos escritas. Manchas de amor. Manos. La blancura de sus manos. Manos de leche, de arroz con leche, de nieve un poco sucia. Manos más blancas que el blanco. Más allá de lo blanco. Las manos de Estela Gallardo alzaban el vuelo a los estantes más altos en busca de unas agendas o se posaban en silencio, unos minutos, junto a la sombra lila de un lápiz. Y el aire se llenaba de unicornios. Ah, qué difícil era poblar esa espera, ese crujido, leve (cuanto más leve más terrible), esos dedos de repente convertidos en raíces o tentáculos, en monstruosos ángeles. (p. 27)
Se amaban, pero no se conformaban con eso, sino que al mismo tiempo que amaban relataban sus amores, para sí mismos y para el otro, juntos o por separado, en cartas, diarios y pliegos, de forma que si con una mano acariciaban, con la otra mano hacía el comentario de esa caricia, y el comentario del comentario, con lo cual su amor iba adquiriendo un peso trágico, manuscrito, y escribir era lo más parecido a vivir. (pp. 45-46)
"El arte", pensaba el emperador, "es el intento de reparar los errores del tiempo, que te da la espina pero no te da la rosa." (p. 48)
De qué está hecha la literatura. De sueños. Más que palabras o acciones, los libros y las historias son colmenas misteriosas, caparazones sonámbulos. (p. 56)
Los juglares amenizaron la cena interpretando canciones con un aire de balada. Un trovador vestido de verde se adelantó unos pasos en la tarima, carraspeó, abrió la boca para hablar y de su garganta brotó un sonido especialísimo, como cristal, que suspendió los ánimos. Tenía una voz prodigiosa. Oyéndole, uno creía volar. Aquella boca encerraba varios pedazos de cielo. Al oírle cantar uno sentía que, pese a todos los horrores pasados, presentes o venideros, en ese preciso instante era maravilloso estar vivo. (p. 59)
martes, 7 de febrero de 2012
Roberto Bolaño (1953-2003, Chile)
Muchas pueden ser las patrias, se me ocurre ahora, pero uno sólo el pasaporte, y ese pasaporte evidentemente es la calidad de la literatura. Que no significa escribir bien, porque eso lo puede hacer cualquiera. ¿Entonces qué es una escritura de calidad? Pues lo que siempre ha sido: saber meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío, saber que la literatura es básicamente un oficio peligroso.
Qué triste paradoja, pensó Amalfitano. Ya ni los farmacéuticos ilustrados se atreven con las grandes obras, imperfectas, torrenciales, las que abren camino en lo desconocido. Escogen los ejercicios perfectos de los grandes maestros. O lo que es lo mismo: quieren ver a los grandes maestros en sesiones de esgrima de entrenamiento, pero no quieren saber nada de los combates de verdad, en donde los grandes maestros luchan contra aquello, ese aquello que nos atemoriza a todos, ese aquello que acoquina y encacha, y hay sangre y heridas mortales y fetidez. (2666, 2004: 289-290)
jueves, 19 de enero de 2012
Bertrand Russell (1872-1970, Gales)
La filosofía es la tierra de nadie que se encuentra entre la teología y la ciencia y que está expuesta a ataques de ambas partes.
Como la teología, consiste en especulaciones sobre temas a los que los conocimientos exactos no han podido llegar; como la ciencia, apela más a la razón humana que a una autoridad, sea ésta de tradición o de revelación.
Historia de la filosofía occidental (1945)
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Tao ("camino"),
concepto y principio en torno al que gira todo el Taoísmo filosófico.
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martes, 29 de noviembre de 2011
Reinaldo Arenas (1943-1990, CUB)
Los zapatos vacíos
¡Caramba! ¿Cuándo sucedió?, quien sabe... Antes; sin fecha exacta; todo era tan parecido que realmente costaba trabajo distinguir un mes de otro, ¡ah! pero enero era diferente. Sabe usted, enero es el mes de los úpitos y de las campanillas, pero hay algo más, es el mes de los Reyes Magos.
Ya la yerba estaba amontonada junto a la ventana y los zapatos, un poco apenados por los huecos de las punteras, esperaban boquiabiertos, humedecidos por el sereno.
Pronto sería medianoche.
«Vienen cuando estés dormido.» —Me había dicho mi primo en voz confidencial.— «Y depositan los regalos sobre los zapatos». Cuando esté dormido, ¡pero no podía dormirme!, afuera sentía el silbido de los grillos y me pareció escuchar pasos, pero no, no eran ellos.
Dormir. Debía dormir, pero ¿cómo lograrlo?, los zapatos estaban allí, sobre el borde de la ventana, aguardando.
Debía pensar en otra cosa para poder dormir. Sí, pensar en otra cosa:
«...Mañana hay que cortar los piñones y llenar el tanque de agua, luego iré hasta el arroyo y traeré una maceta de mamoncillos...» «No debí haber roto el nido, tenía dos pichones sin plumas que me miraban con miedo y con el pico abierto...»
Desperté. Era tan temprano que apenas si entraba la claridad por la ventana, casi a tientas caminé hasta ella. ¡Cuántas sorpresas, pensé, me estaría augardando...! pero no. Toqué el cuero húmedo de mis zapatos, estaban vacíos... completamente vacíos.
Entonces llegó mi madre y me besó callada, pasó sus manos cansadas de fregar, por mis ojos húmedos y empujándome suavemente me sentó en el borde de la cama y me puso los zapatos, «Ven», me dijo luego en voz baja, «ya está hecho el café». Luego salí empapándome en el rocío, debía cortar los piñones.
Afuera todo era tan bello. Tantas campanillas, tantas, que se podía caminar sobre ellas sin pisar la tierra; tantas flores de úpitos en el suelo, tantas, que tapaban los huecos de mis zapatos...
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