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sábado, 17 de enero de 2009

Anterior Polifacecia nº 2 (Notas)

Tuvieron que retirar alarmados a Halil ben Hásim, atónito como quedó ante la suntuosa contemplación del mismísimo Al-Hakam II, dispuesto en su trono con una extraordinaria túnica brocada en blanco siguiendo la manufactura omeya y la más exquisita suma de joyas adquiridas en territorios como Tombuctú, Sijilmasa o Tánger. La guardia de palacio aguardó con prudencia la señal del califa que, ante el abatimiento definitivo del barbudo forastero, accedió naturalmente a su retiro. Cuentan que Halil ben Hásim se postró de rodillas ante el califa y, ahogado en su propio silencio, mantuvo la humilde postura sin iniciar ademanes de salutación ni ceremonia de adoración y sin saber indicar debidamente el motivo de su traslado desde Kairuán, en la provincia de Yfriquiya, hasta Córdoba, en la Al-Andalus omeya, donde el propio Al-Hakam II y todo su séquito de cortesanos, almotacenes y servidumbre esperaban desde hacía meses... Ante el desplome final y el consecuente tumulto en palacio, dos acorazados guardias elevaron en volandas al asceta de Kairuán, trasladándolo inmediatamente a su aposento, donde el médico le encontraría, aún exhausto de la impresión, farfullando plegarias ininteligibles.

1 comentario:

  1. Borjónimo.0:22

    Vas terminar pareciéndote a Borges.

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