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jueves, 20 de agosto de 2009

"Diabulus in musica", de Espido Freire. El intervalo femenino

Un acercamiento dogmático

(...) Los dogmas de la diferencia, donde lo psíquico se abría paso entre lo biológico y lo social (Femenías, 2004), cayeron en muy diversas manos, que los ligaron a nuevos modos de filosofar , casi siempre coincidentes en el concepto de “huída”, más o menos apresurada, del consenso tradicional: familia, Estado y autoridad masculina. La heterogeneidad de formas provocó que el saber ampliara sus dominios, y en algunos casos con gran éxito.


(...) La narrativa de Laura Espido Freire (1974), entre la que Diabulus in musica (2001) supone su cuarta novela, se nos presenta de espinosa elucidación. Aún concediendo, por lo general, más entidad e importancia al sexo femenino , retratando su fragilidad, sus conflictos individuales, personales o sociales que acaban derrumbándolas, la victoria final no puede atribuírsele a la mujer (Villarino, 2004) . Muy al contrario, Espido maniobra con los condicionamientos externos (también internos, ya lo veremos) que la mujer ha venido soportando históricamente, para someterlos a una dura colisión con las nuevas formas que el universo femenino reclama. Diabulus in musica ahonda en el ser humano (en este caso, mujer) para desbancar la primacía de los valores masculinos; la paradoja consiste en valerse de la derrota femenina o, más bien, de una autoderrota. Así pues, nadie vence, salvo la fantasía, lo supraterrenal, que irrumpe con habitualidad para tratar de “descifrar la opacidad de lo real”. Aceptar lo excepcional es la explicación de mayor precisión tanto de la obra que aquí se analiza como de la producción de Espido Freire en su contexto generacional.


La escritura del intervalo subjetivo


En términos de T. Porzecanski, la escritura denominada “femenina” tiende a enmarcarse por tres conceptos: desborde, ruptura e intersticio (Porzecanski, 2005: 55-56). Aún con todo, son marcas de tan amplia envergadura que podría admitir como localizables en Diabulus in musica, donde la personaje-narradora busca su libertad, volar, desbordarse, ascender a un espacio sin límites, barriendo el discurso masculino convencional e iniciando nuevos puntos de partida, estrenando ejemplos extremados, rompiendo los conceptos de lo real y de lo imaginario, desdibujando las líneas de separación y sobrepasando los márgenes en dirección al intervalo que permanece, al intersticio del que nadie se ha ocupado hasta ahora, de lo en apariencia inane, de lo risiblemente pequeño pero que puede alcanzar importancias axiales.


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A lo largo de las páginas, observamos el empleo preeminente de la primera persona, en forma de narrador homodiegético, como el método narrativo más eficiente a la hora de indagar en el pensamiento del individuo, sumergiendo las situaciones y las voces en la narración, sin olvidar la nutrida sección dialogal, siempre desde el foco de la narradora-protagonista. Pero también Espido, como parte de su juego de irrealidad, fantasía y sueño, de su personal relación de lo imaginario, adelanta acontecimientos o introduce premoniciones y refuerza el poder de evocación y recreación de la memoria. Recursos, estos últimos, que necesitan de una nueva concepción del tiempo. 


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Como vemos, el interés colectivo queda relegado, a favor del mundo emocional femenino . La narración experimenta una traslación hacia el mundo interior; la búsqueda del centro, la esforzada indagación en sí misma detrás de una explicación, se transforma en el eje de la estructura; es la “exigencia constitutiva de la postmodernidad” (Oleza, 1996). 


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El amor, tema permanente en la obra de Espido Freire, se entrelaza en la mayor parte de los casos con la différence ya expuesta. La mujer está en permanente búsqueda de esas regiones de la igualdad que más tienen que ver con la autoconfianza que con la imposición de símbolos masculinos. 


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