...blog personal de rubén rojas yedra

miércoles, 19 de febrero de 2014

Proyecto DESPOJOS DEL ReC, I

Para que 3 Microcuentos con Chinchetas, Estropicio, Fiel recuento y Sentirse (este último ilustrado), toquen el papel es necesaria tu participación como mecenas.

¿Cómo? Pincha en este enlace, regístrate en la plataforma y elige en la página "Despojos del ReC" la opción de micromecenazgo que prefieras (en la columna de la derecha). Por 16 € te llegará el libro a casa.

En esa misma página encontrarás la descripción de nuestro proyecto conjunto: qué es el microrrelato, características del libro, escritores (70), ilustradores (70), difusión, objetivos y cómo ayudarnos. 

Disponemos de 60 días para alcanzar el presupuesto (o sea, hasta el 19 de abril). Tú mism@. Hagas lo que hagas, gracias.

miércoles, 12 de febrero de 2014

"El gusano de las manzanas" (5/13), "Amor fantasmal" (12/12), "Apuntes para un lienzo" (5/12) y "Rutinas" (5/12), al francés, en Lectures d'ailleurs

El gusano de las manzanas, Amor fantasmal, Apuntes para un lienzo y Rutinas han sido traducidos al francés e incluidos en la publicación digital Lectures d'Espagne, volumen II.


Se trata de una colección de autores noveles españoles. El proyecto, denominado Lectures d'ailleurs —pour une anthologie vivante de la littérature latino-américaine du XXIe siècle—, está dirigido por Caroline Lepage, profesora de la universidad de Poitiers.


En este segundo volumen participo junto a docenas de compañeros y amigos microrrelatistas, lo que ya es un motivo de orgullo. Desde aquí, puede descargarse o leer la revista online. Mis textos en concreto se encuentran en las páginas 330-337.

La traducción de los microcuentos se acompaña de una pequeña biografía y una entrevista sobre aspectos literarios que puede encontrarse aquí, junto a la del resto de microrrelatistas.

Por supuesto, agradezco la oportunidad a Caroline Lepage y a todo el equipo de traducción, y en especial a Nancy Benazeth; y a nivel particular a Rosana Alonso y a Rosa Yáñez, por haber posibilitado el contacto.

Versiones originales en castellano en {A con C}El gusano de las manzanasAmor fantasmalApuntes para un lienzo y Rutinas

martes, 4 de febrero de 2014

Eduardo Galeano (1940-2015, Montevideo, URU)

Mujer que dice chau 
(Vagamundo y otros relatos, 1975)


Me llevo un paquete vacío y arrugado de cigarros «Republicana» y una revista vieja que dejaste aquí. Me llevo los dos boletos últimos del ferrocarril. Me llevo una servilleta de papel con una cara mía que habías dibujado, de mi boca sale un globito con palabras, las palabras dicen cosas cómicas. También llevo una hoja de acacia recogida en la calle, la otra noche, cuando caminábamos separados por la gente. Y otra hoja, petrificada, blanca, que tiene un agujerito como una ventana, y la ventana estaba velada por el agua y yo soplé y te vi y ése fue el día en que empezó la suerte.

Me llevo el gusto del vino en la boca. (Por todas las cosas buenas, decíamos, todas las cosas cada vez mejores, que nos van a pasar.) No me llevo ni una sola gota de veneno. Me llevo los besos cuando te ibas (no estaba nunca dormida, nunca). Y un asombro por todo esto que ninguna carta, ninguna explicación, pueden decir a nadie lo que ha sido.


Nochebuena 
(El libro de los abrazos, 1989)

Fernando Silva dirige el hospital de niños, en Managua. En vísperas de Navidad, se quedó trabajando hasta muy tarde. Ya estaban sonando los cohetes y empezaban los fuegos artificiales a iluminar el cielo, cuando Fernando decidió marcharse. En su casa lo esperaban para festejar.

Hizo una última recorrida por las salas, viendo si todo quedaba en orden, y en esto estaba cuando sintió que unos pasos le seguían. Unos pasos de algodón: se volvió y descubrió que uno de los enfermitos le andaba atrás. En la penumbra, lo reconoció. Era un niño que estaba solo. Fernando reconoció su cara ya marcada por la muerte y esos ojos que pedían disculpas o quizá pedían permiso.

Fernando se acercó y el niño le rozó con la mano:

—Decile a... —susurró el niño—. Decile a alguien que yo estoy aquí.


Las hormigas 
(El libro de los abrazos, 1989)

Tracey Hill era niña en un pueblo de Connecticut, y practicaba entretenimientos propios de su edad, como cualquier otro tierno angelito de Dios en el estado de Connecticut o en cualquier otro lugar de este planeta.

Un día, junto a sus compañeritos de la escuela, Tracey se puso a echar fósforos encendidos en un hormiguero. Todos disfrutaron mucho de este sano esparcimiento infantil; pero a Tracey la impresionó algo que los demás no vieron, o hicieron como que no veían, pero que a ella la paralizó y le dejó, para siempre, una señal en la memoria: ante el fuego, ante el peligro, las hormigas se separaban en parejas, y de a dos, bien juntas, bien pegaditas, esperaban la muerte.


La noche / 1 
(El libro de los abrazos, 1989)

No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le pediría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.


La noche / 2 
(El libro de los abrazos, 1989)

Arránqueme, Señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme.


El parto 
(El libro de los abrazos, 1989)

Tres días de parto y el hijo no salía:

—Tá trancado. El negrito tá trancado —dijo el hombre.

Él venía de un rancho perdido en los campos.

Y el médico fue.

Maletín en mano, bajo el sol del mediodía, el médico anduvo hacia la lejanía, hacia la soledad, donde todo parece cosa del jodido destino; y llegó y vio.

Después se lo contó a Gloria Galván:

La mujer estaba en las últimas, pero todavía jadeaba y sudaba y tenía los ojos muy abiertos. A mí me faltaba experiencia en cosas así. Yo temblaba, estaba sin un criterio. Y en eso, cuando corrí la cobija, vi un brazo chiquitito asomando entre las piernas abiertas de la mujer.

El médico se dio cuenta de que el hombre había estado tirando. El bracito estaba despellejado y sin vida, un colgajo sucio de sangre seca, y el médico pensó: No hay nada que hacer.

Y sin embargo, quién sabe por qué, lo acarició. Rozó con el dedo índice aquella cosa inerte y al llegar a la manito, súbitamente la manito se cerró y le apretó el dedo con alma y vida.

Entonces el médico pidió que le hirvieran agua y se arremangó la camisa.


Ventana sobre la llegada 
(Las palabras andantes, 1993)

El hijo de Pilar y Daniel Weinberg fue bautizado en la costanera. Y en el bautismo le enseñaron lo sagrado. Recibió una caracola: 

—Para que aprendas a amar el agua. 

Abrieron la jaula de un pájaro preso: 

—Para que aprendas a amar el aire. 

Le dieron una flor de malvón: 

—Para que aprendas a amar la tierra. 

Y también le dieron una botellita cerrada: 

—No la abras nunca, nunca. Para que aprendas a amar el misterio.