...blog personal de rubén rojas yedra

viernes, 23 de noviembre de 2012

Carmen Conde (Cartagena, 1907-1996)

Hallazgo


Desnuda y adherida a tu desnudez.
Mis pechos como hielos recién cortados,
en el agua plana de tu pecho.
Mis hombros abiertos bajo tus hombros.
Y tú, flotante en mi desnudez.


Alzaré los brazos y sostendré tu aire.
Podrás ceñir mi sueño
porque el cielo descansará en mi frente.
Afluentes de tus ríos serán mis ríos.
Navegaremos juntos, tú serás mi vela.
Y yo te llevaré por mares escondidos.


¡Qué suprema efusión de geografías!
Tus manos sobre mis manos.
Tus ojos, aves de mi árbol,
en la yerba de mi cabeza.



Entrega

Guardaré mi voz en un pozo de lumbre
y será crepúsculo toda la vida.

Ya girarán más leves los cuchillos
porque no encontrarán dónde herirme.
Erguida de rocíos negros,
para ti cantaré.

¡Que no me busquen los sin vista,
que no me llamen los ahogados,
que no me sientan los que huyo!

A mi soledad de reflejos,
amor,
sólo tú.


Voy ausentándome de mí...

Voy ausentándome de mí.
Poco a poco, el lastre de ensueño cede
su sitio a la realidad doble
que es mi vida en transcurso.
¡otro ser dentro de mi carne
fragua su carne, su piel,
su corazón diminuto, mi estrella!

Asisto a la escisión silenciosa
con pasmo anhelante, con gozo
nuevo de verme en otros ojos míos,
de mis ojos hechos,
de mi sangre coloreados,
¡ay!, de toda cuanta soy.

Día por día el latido
es golpe que me recuerda, urgente,
valor que no tengo,
heroísmo que nunca soñé.

Y temo por el que estoy creando
en convenido misterio
dentro de mi soledad sin orillas
cerca de mi corazón, su estrella.



Sitio de Carmen Conde en la Biblioteca Virtual Cervantes

Philip Roth (Nueva Jersey, EE.UU, 1933)

Cada año mueren setenta lectores y solo dos de ellos son reemplazados. Por todas partes hay indicios de que la era literaria ha tocado a su fin. La prueba es la cultura, la prueba es la sociedad, la prueba es la pantalla, la progresión de la pantalla de cine a la pantalla de televisión, y de esta al ordenador. Tenemos un tiempo y un espacio limitados, y solo existen ciertos hábitos mentales que pueden determinar cómo aprovecha la gente el tiempo del que dispone. La literatura requiere un hábito mental que ha desaparecido. Necesita silencio, alguna forma de aislamiento, y una concentración constante en presencia de algo enigmático. Es difícil comprender una novela madura, inteligente y adulta. Es difícil saber qué pensar de la literatura.

Copio la cita del blog de Miguel Ángel Muñoz: El síndrome Chéjov



martes, 20 de noviembre de 2012

Manuel Alcantara Pla (ESP)

Boca


Empezó a besarle por la espalda azul, más difícil de agotar. Se dejó bajar según le resbalaban los labios por las formas raras de su cuerpo. Se detuvo en el medio conteniendo el asombro por el cambio de paisaje. Más abajo se decidió por una de las laderas para el descenso y se lo compensó a la otra en la subida, que fue diferente. Se había movido. Dudó un instante porque le parecía que los segundos le corrían entre los dientes y quiso después recuperar ese tiempo perdido girando las manillas alocadamente con la lengua áspera. Lo cubrió completo con su boca raspándole maniáticamente con los caprichos del paladar. Le hubiera gustado poder tenerlo así siempre dentro, excitado y protegido, pero pedía aire.


El encuentro

La conocí una mañana que yo creía destinada a que no ocurriera nada. Dimos un paseo y me convenció de que sí.


Dulce

María sudaba dulce. Por unos sitios más que por otros, pero era verla jugar al tenis y hacérsete la boca agua.


Educación básica

A la escuela de vampiros no hay que asistir bien cenados.


Caperucita hoy

La culpa de todo la tuvo la madre, que la vistió de rojo.


La diferencia

La mujer de la habitación de motel en el centro de la ciudad. Sentada en la cama y registrándose en el espejo del ropero como si esperara a que su cuerpo echara a andar y la duda quedara atrás.

El arma sobre la mesilla junto a la hoja arrugada.

Como lleva consigo misma toda la vida y sabe interpretarse los nubarrones, ha sido previsora y se ha comprado una botella de Beefeater y dos latas frías de limón.

Un trabajo sencillo, como tantos otros, cuestión de minutos, nada por lo que pudieran temblarle las manos.


Sin aire

¿Sería el hambre igual sin la respiración pausada y profunda de quienes obvian la noche?


Noches

En este hueco no hay espacio. Los ruidos de los pájaros y el agua interminables lo han ocupado todo dejando el sofá picoteado, mojado e inservible para el hombre. Apenas se perciben las nuevas ampliaciones. Los esfuerzos lo han sido en vano. Allí donde parece que se puede conquistar un lugar, surgen enseguida los grupos ansiosos de las manzanillas. Ese es el paisaje.

El límite lo exigen la noche y sus guardianes mecánicos. No duermas. La hora y las luces, salvadoras inevitables, acechan desde el otro lado de los horizontes.

Blog personal: Microficciones