...blog personal de rubén rojas yedra

martes, 29 de noviembre de 2011

Reinaldo Arenas (1943-1990, CUB)

Los zapatos vacíos 

¡Caramba! ¿Cuándo sucedió?, quien sabe... Antes; sin fecha exacta; todo era tan parecido que realmente costaba trabajo distinguir un mes de otro, ¡ah! pero enero era diferente. Sabe usted, enero es el mes de los úpitos y de las campanillas, pero hay algo más, es el mes de los Reyes Magos. 

Ya la yerba estaba amontonada junto a la ventana y los zapatos, un poco apenados por los huecos de las punteras, esperaban boquiabiertos, humedecidos por el sereno. 

Pronto sería medianoche. 

«Vienen cuando estés dormido.» —Me había dicho mi primo en voz confidencial.— «Y depositan los regalos sobre los zapatos». Cuando esté dormido, ¡pero no podía dormirme!, afuera sentía el silbido de los grillos y me pareció escuchar pasos, pero no, no eran ellos. 

Dormir. Debía dormir, pero ¿cómo lograrlo?, los zapatos estaban allí, sobre el borde de la ventana, aguardando. 

Debía pensar en otra cosa para poder dormir. Sí, pensar en otra cosa: 

«...Mañana hay que cortar los piñones y llenar el tanque de agua, luego iré hasta el arroyo y traeré una maceta de mamoncillos...» «No debí haber roto el nido, tenía dos pichones sin plumas que me miraban con miedo y con el pico abierto...» 

Desperté. Era tan temprano que apenas si entraba la claridad por la ventana, casi a tientas caminé hasta ella. ¡Cuántas sorpresas, pensé, me estaría augardando...! pero no. Toqué el cuero húmedo de mis zapatos, estaban vacíos... completamente vacíos. 

Entonces llegó mi madre y me besó callada, pasó sus manos cansadas de fregar, por mis ojos húmedos y empujándome suavemente me sentó en el borde de la cama y me puso los zapatos, «Ven», me dijo luego en voz baja, «ya está hecho el café». Luego salí empapándome en el rocío, debía cortar los piñones. 

Afuera todo era tan bello. Tantas campanillas, tantas, que se podía caminar sobre ellas sin pisar la tierra; tantas flores de úpitos en el suelo, tantas, que tapaban los huecos de mis zapatos...

jueves, 24 de noviembre de 2011

Alfredo Armas Alfonzo (1921-1990, VEN)

La diferencia
Cien máuseres, ninguna muerte y una sola amapola, 1975

El tal Ocho Tope no procreaba; lo contrario, se bebía a sus propios hijos. Un día se hinchó y por cada uno de los poros le supuró la descendencia. La gente creía que eran los gusanos. No eran. Los gusanos carecen de ombligo.


10x1
El osario de Dios y otros textos, 1969

El hombre de mirada que se escondía y la boca que instilaba saliva paró al niño entre el resquicio de la puerta entornada; no era de allí porque después se supo que nadie le conocía. Le dijo que le daba el puño de metras, el rollo de hilo de elevar papagayo, la moneda grande, el trompo con la franja azul, ah y los caramelos, todos los caramelos que él quisiera de la lata. El niño sólo tenía que entrar si quería hacer el negocio y jurarle después que no le diría nada a nadie. 

El niño se le encimó un poco y le hundió en el ojo más sanguinolento la espina de pescado que recién acababa de recoger de entre los desperdicios de la venta diaria junto a las montañas de durmientes de ferrocarril que cargan los barcos de la costanera. Por todo el resto de su existencia el sujeto cargó consigo su cuenca vacía a través de la cual podía advertirse el interior del alma totalmente desolada e interminable.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Ildiko Valeria Nassr (1976, ARG)


Autobiografía nihilista

nunca fui reina
nunca me casé
ni tuve los ojos verdes
o la piel sedosa
pero mi palabra sucede

ser poeta es
caminar por la calle
desnuda
con unas alas enormes
y zapatos de tacón


Parricidio 

Siempre me declaré más proclive al incesto que al parricidio. Prefiero acostarme con los padres que matarlos. Prefiero la convivencia a la ausencia (perdón por la cacofonía). 

Aborrezco a quienes salen de cacería de padres. Prefiero un aquelarre a una masacre.

Sin embargo, me he retirado.

No me caso con nadie. Abandoné a los padres en su cama y me encerré en una biblioteca. Prefiero la quietud de mi hogar a la incomodidad de una sexualidad paupérrima seguida de disculpas o lamentaciones.

Los padres envejecen demasiado rápido.

lunes, 14 de noviembre de 2011

"The Visitors (Crackin' Up)", de ABBA

Va a ser difícil quitarle a ABBA la etiqueta de grupo pop frívolo y comercial. Los musicales basados en sus canciones y hasta su propia imagen de niños amanerados y sin mácula no ayudan.

Portada de su último disco, "The Visitors" (1982)
Bien es verdad que un alto porcentaje de sus composiciones estaban planeadas para obtener un éxito masivo (el cual merecidamente obtuvieron), aunque no por ello cayeron alguna vez en la melodía fácil o repetitiva.

Casi obligados a vender muchos discos, ofreciendo un pop pegadizo de perfecta construcción, apenas encontraron espacio en sus últimos tres álbumes de estudio para la experimentación en otros géneros y con arreglos más sofisticados.

Es en su último disco, The Visitors, de 1982, donde aparece el siguiente tema , «The Visitors (Crackin' Up)». La calidad de los vídeos de youtube no es la idónea, desde luego, pero blogger no permite subir mp3. Las imágenes de este vídeo han sido montadas posteriormente; en su momento ABBA no grabó videoclip para acompañar el lanzamiento del sencillo. 

En este tema, al igual que en la portada del Lp que acompaño, se aprecia el cambio de estilo. De la casi orgásmica felicidad de éxitos pretéritos como «Waterloo» o «Dancing Queen» pasan a un contenido apesadumbrado y sombrío. En plena madurez compositiva, Björn y Benny demuestran una mayor complejidad estructural en una música más seria y oscura, con numerosos intervalos de creatividad.

«The Visitors (Crackin' Up)» es un tema dance-pop que se construye sobre un patrón rítmico de sintetizadores, claramente identificable. Sobre esa base se añadieron sonidos  procesados, suaves secciones de cuerda y una grabación vocal (quien canta es Agnetha, la menos rubia) sometida a la técnica de sonido conocida como flanger, que ya emplearan los Beatles hacia 1966, en su etapa psicodélica, y que le otorga un efecto metálico a la voz hasta entonces nunca usado por el grupo.

Su configuración es la clásica (estrofa-estribillo-estrofa-estribillo). Las estrofas son versos largos y sosegados, de creciente intensidad orquestal y con la mencionada voz metalizada; en el estribillo (que no llega hasta pasado el minuto 2) destaca la percusión, las segundas voces, de tono grave, lejos de lo habitual, y una instrumentación elaborada aunque contenida en la misma línea de modelado de sonido a base de sintetizador.

La promoción de «The Visitors (Crackin' Up)» fue escasa, y el sencillo obtuvo escasa repercusión en listas. La calidad, sin embargo, es incuestionable para cualquier amante del pop. Es por esta razón que merece recuperarse la escucha de temas extraordinarios, y quizás de los menos conocidos de su catálogo, como «Under Attack»«One Of Us» o «Head Over Heels».

martes, 8 de noviembre de 2011

Alejandra Pizarnik (1936-1972, Argentina)

    Yo estaba predestinada a nombrar las cosas con nombres esenciales. Yo ya no existo y lo sé, lo que no sé es qué vive en lugar mío. Pierdo la razón si hablo, pierdo los años si callo. Un viento violento arrasó con todo. Y no haber sabido hablar por todos aquellos que olvidaron el canto.

De El infierno musical, 1971



Mendiga voz

Y aún me atrevo a amar
el sonido de la luz en una hora muerta,
el color del tiempo en un muro abandonado.

En mi mirada lo he perdido todo.
Es tan lejos pedir. Tan cerca saber que no hay.

De Los trabajos y las noches, 1965



31

Es un cerrar los ojos y jurar no abrirlos. En
tanto afuera se alimenten de relojes y de flores
nacidas de la astucia. Pero con los ojos cerrados
y un sufrimiento en verdad demasiado grande
pulsamos los espejos hasta que las palabras
olvidadas suenan mágicamente.


11

ahora
en esta hora inocente
yo y la que fui nos sentamos
en el umbral de mi mirada

De Árbol de Diana, 1962

jueves, 3 de noviembre de 2011

Pedro Casariego Córdoba (1955-1993, Madrid, ESP)

Arrojé un piano al mar para que se convirtiese en pianola. Creía que el lenguaje de los hombres coincidía con el del universo.
Cuaderno verde, 1998